30 de octubre de 2011

Bienvenido a bordo

En los últimos años las compañías aéreas están trabajando para mejorar la calidad de la comida a bordo de los aviones. El interior de las aeronaves condiciona la elaboración del menú para el pasaje. Un espacio estrecho, donde se aprovecha cada resquicio y que por seguridad no se puede acondicionar una cocina.  La imagen de un auxiliar de vuelo cocinando unos huevos fritos dentro de un avión no es viable.

La mejora de la calidad y de la variedad de los menús de las aerolíneas depende de la clase del billete. De este modo, en Business Class de una importante compañía española se puede degustar las creaciones de grandes chefs como Paco Roncero, Ramón Freixa, Toño Pérez y Dani García. El afortunado pasajero podrá saborear un salmorejo con huevo y jamón ibérico, la pintada rellena de setas y castañas o la pera al vino tinto, entre otros manjares. Por el contrario, el menú que se encontrará el pasaje en la Economy Class de una aerolínea asiática será: un aperitivo, una selección de platos principales a escoger uno: arroz con pollo acompañado de un salteado de verduras. Pollo con salsa picante, pimientos rojos y arroz hervido. Salteado de ternera con tallarines.  Fruta, un quesito y un postre. El desayuno y las bebidas calientes, como pueden ser los cafés y las infusiones dejan mucho que desear. 



Por otro lado están las compañías de bajo coste, las denominadas Low cost. Gracias a ellas ahora todo el mundo puede viajar, pero que el pasajero se olvide de disfrutar de una buena comida. La política de abaratar el billete de avión recortando o cobrando por una serie de servicios hace que la comida a bordo sea una de las grandes perjudicadas. El precio de un Snack menú suele ser caro en relación a lo que ofrecen, un sándwich y una bebida.

Hace tiempo que da la sensación que la comida dejó de ser una necesidad fisiológica para convertirse en un placer que se quiere disfrutar hasta en el cielo.


20 de octubre de 2011

La comida toma las calles



El amante de los viajes gastronómicos encuentra China un destino muy apetitoso. El desconocimiento culinario que existe hacia la cocina de aquel país es directamente proporcional a su variedad y calidad. 

Hoy no vamos a escribir sobre los mejores restaurantes de  Beijing, Shanghai o Hong Kong, este tema queda pendiente para otro post. Nos gustaría acercaros  la cultura callejera de la gastronomía que se percibe en cualquier urbe china. Cada dos pasos es fácil toparse con un establecimiento de comida. Los hay de todos los tamaños, olores y sabores. La actividad es frenética, desorganizadas colas de personas esperando su turno para pedir hasta el último resquicio de un pollo, comensales desayunando un cuenco de tallarines o una bandeja de empanadillas, hasta una brocheta de frutas para refrescarse. En China se dice que “los chinos se come cualquier cosa que tenga cuatro patas, menos una mesa” y es verdad.

Desde hace algún tiempo no es raro pasear por la noche por las calles de Madrid y ver grupos de chinos vendiendo cervezas, bocadillos o lo que se tercie. En China es una práctica muy extendida y “profesionalizada”. Una bicicleta adaptada hace las funciones de plancha sobre la que se cocinan carnes, verduras y pescados.   Este tipo de negocios abundan en el país de Mao, antes o después el viajero se anima y termina probando todo, hasta el tofu apestoso.

Buen provecho.

13 de octubre de 2011

La vendimia


Hoy nos gustaría dedicar esta entrada a la gente que está recolectando la uva en algún viñedo de La Rioja, la Ribera del Duero, Jerez, Rías Baixas y el Penedés, por citar unos cuantos. El calendario de la vendimia es de julio a octubre, en el hemisferio norte y de febrero a abril en el hemisferio sur. Hay que tener presente que la recogida de la uva depende del grado que se quiera de maduración.

A pesar de ser un trabajo arduo, más en el caso de la recogida manual de la uva, Javier Fernández Bobadilla, trabajador de una bodega en La Rioja, en declaraciones a la Cadena SER, dijo al respecto “Es el momento de máxima emoción y no solo para nosotros... ¡Para toda la gente de La Rioja! Y además es el mejor momento para poder venir a visitarnos, pasar el día con nosotros y conocer las interioridades de la vendimia.” Sus palabras invitan a desplazarse hasta el lugar, levantarse bien temprano, vendimiar y tratar de recuperarse del esfuerzo para volver al día siguiente al viñedo. ¡Cansado, pero gratificante!

La jornada de un vendimiador comienza a las 06.00 de la mañana. Hacia las 12.00 del medio día descansa para almorzar durante una hora aproximadamente. Después, reanuda el trabajo hasta las 19.00 de la tarde. Algunos amigos que vendimian por devoción, otros por ayudar a la familia, nos han dicho que es difícil imaginarse lo cansado y duro que esta actividad.

Por suerte, después del gran sacrificio que supone madrugar para vendimiar, viene la recompensa. Vinos para deleitar el paladar de millones de consumidores y así seguir rindiendo culto al dios beodo por excelencia, Baco. 

Si quieres compartir tu experencia en la vendimia con nosotros estaremos encantados de leerla. 

Buen provecho.



5 de octubre de 2011

El sabor del cine

El séptimo arte ha encontrado en torno a una mesa, abundante o escasa de alimento, un fértil campo de cultivo del que extraer historias para plasmar en la gran pantalla. Las hay de todos los sabores y olores.  Los ingredientes varían de una película a otra, pero comparten un hilo argumental en el que en torno a la comida se cuecen las relaciones entre los personajes.

Resulta muy evocador el lenguaje que emana de cada uno de los platos que aparecen en las secuencias de los largometrajes. Un mago a la hora de hacer hablar a las imágenes fue el elocuente Charles Chaplin. Han pasado ochenta y seis años desde que se estrenara “La quimera del oro” y aún se percibe el aroma de aquel zapato que Chaplin degustó con  devoción y ahínco.  Es extraño que no se lea en algún menú de un bar o restaurante una sugerencia del día que diga “Zapato a lo Chaplin”, porque el éxito está casi asegurado.




Para aquellos que nunca dudan en probar la manzana de turno, “Viridiana” es su película. La famosa escena de un grupo de vagabundos sentados alrededor de una mesa dándose un homenaje culinario aún se le atraganta a algún que otro espectador. La mejor recomendación es catarla para cerciorar si al paladar le gusta o no.

El cine, reflejo de la realidad dramatizada, no concibe una buena mesa sin vino. “Entre copas” es un homenaje, un tanto beodo, a la crisis de la mediana edad. Cata tras cata, brindis tras brindis, se añora todo aquello que queda atrás y ya no se podrá volver a saborear. Qué mejor remedio que la perdición de Baco para olvidar.

En una próxima entrada continuaremos este viaje gastronómico a través del cine. Si te apetece participar, por favor, haznos llegar tus recomendaciones.